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El es carpintero desde que hacía sus propios juguetes en la azotea de su casa del barrio de Cayo Hueso. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen los mejores muebles de La Habana: mesas para comer celebrando, camas y sillas que te da pena levantarte, armarios donde a la ropa le gusta quedarse. Orlando trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Orlando se ha dado el lujo de comprarse un video, y ve una película tras otra. No sabía que eras loco por el cine le dice un vecino. Y Orlando le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al video puede detener las películas para estudiar los muebles. Eduardo Galeano. ![]() |
| Michel January 11, 2008 04:12 PM PST Soy narrador aficionado y me interesan los relatos breves. Y este será uno de los que cuente en proximas sesiones, claro está si no te importa. | ||
| Arilena November 4, 2007 01:34 AM PDT Jeje, muy divertido este cuento, con mucho sentido común. Volveré a leer más de tus relatos. Un saludo | ||
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